Déficit de Atención o Carencia Atencional

Tristemente, se está generando una generación de “niños hiperactivos”, niños que según la etiqueta que se les impone, tienen un grave trastorno de origen genético cuyo tratamiento es farmacológico, neurológico, psiquiátrico y psicológico. Este trastorno es el TDAH, Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad.

Los niños que realmente padecen este trastorno muestran retraso académico, dificultades en el mantenimiento de la atención en tareas o actividades lúdicas y escolares, parece que no escuchan cuando se les habla directamente, no siguen instrucciones, problemas en la organización de tareas, se distraen con mucha facilidad…

Además, estos niños suelen tener movimientos excesivos de pies y/o manos, abandonan sus asientos en situaciones que se espera que permanezcan sentados, da la sensación de que “son un motor que está siempre en marcha”, precipitan sus respuestas antes de que las preguntas hayan sido completadas, interrumpen o se inmiscuyen en las actividades de otros, no saben guardar un turno…

Todas estas características se dan en más de una ocasión en todos los niños pequeños de edades comprendidas entre los 3 y los 7 años, ¿verdad? Pero no por eso, todos los niños con estas edades tienen un TDAH. Simplemente, son niños curiosos, inquietos y que están aprendiendo las normas; todavía no saben cuales son los comportamientos socialmente adecuados.

Es labor de los padres, enseñarles un autocontrol de impulsos, y los comportamientos adecuados, además de estimular y canalizar la atención de los hijos para que entiendan que pueden absorber toda la información que necesiten, pero en los tiempos adecuados.

Cuando la labor de los padres no puede ser realizada todo lo bien que ellos quisieran por motivos externos, tales como, largas jornadas laborales, estrés familiar y/o laboral, dificultades económicas… los pequeños se sienten perdidos, desorientados y prueban distintas conductas para llamar la atención de sus padres.

Las conductas que suelen recibir más atención son todas aquellas que denominamos disruptivas y que son prácticamente iguales que las características de un niño con TDAH.

En estos casos, no nos encontramos con un niño con un Trastorno por Déficit de Atención con hiperactividad, sino ante un niño que sufre una carencia atencional, es decir, nos encontramos ante un niño que ha aprendido que para que sus padres se centren en él, ha de comportarse de manera inadecuada.

No debemos olvidar un hecho de especial importancia: no se puede diagnosticar a un niño de TDAH hasta que no haya cumplido los 7 años. Todos aquellos diagnósticos anteriores no son fiables.

Ante este hecho, debemos recapacitar y solicitar ayuda de un profesional para que nos proporcione estrategias para estructurar nuestro tiempo, así como para ofrecernos un espacio para poder sobrellevar mejor todas aquellas tensiones que nos provocan estrés y nos impiden que desarrollemos nuestro rol paterno.

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