La Fobia Social

¿Qué es la timidez? Podríamos definirla como la sensación de impotencia para actuar, hablar, relacionarse o desenvolverse en presencia de alguien o en un determinado contexto.

La timidez es un rasgo que todos las personas, adultas, jóvenes, niños y ancianos tenemos en común, pero hay en determinadas etapas de nuestra vida que se presenta de forma más elevada, como en la adolescencia.

En esta etapa se ve intensificada esta sensación debido a los cambios hormonales, los cambios físicos y los cambios en los roles sociales, normas y exigencias desde el ámbito familiar y el educacional.

La timidez es una dificultad que se presenta de forma común en todas las personas, pero hay en determinadas ocasiones que esta dificultad se convierte en un problema grave, ya que afecta de forma intensa en el desarrollo de la vida del adolescente. Cuando ocurre esto nos encontramos ante una fobia social.

Las características de la fobia social son:

Miedo intenso al error o al fracaso, a mostrarse vulnerable.

Falta de seguridad en uno mismo, distorsión en la valoración tanto de los otros como del ambiente.

– Excesivamente crítico y rígido con uno mismo.

– Excesivamente perfeccionista.

Agresividad (uso de la agresividad como escudo de la vulnerabilidad que presenta uno mismo).

Miedo anticipatorio ante las situaciones sociales.

– Temor a ser juzgado o evaluado negativamente.

– Conductas de evitación y de seguridad ante las situaciones sociales.

– Y, todo esto es acompañado de una excesiva ansiedad.

Podemos encontrarnos ante dos tipos de fobias sociales:

La fobia social generalizada, aquella que se manifiesta en cualquier momento en el que hay una interacción relacional y social

La fobia social situacional, que es aquella que sólo se manifiesta en determinadas situaciones de forma muy elevada, mientras que en otras interacciones sociales el desarrollo del adolescente es totalmente normalizado.

La fobia social se mantiene principalmente por las creencias y pensamientos que tenemos, es decir “la imagen que tenemos de nosotros mismos” y “la imagen que tenemos de la imagen que los otros tienen de nosotros”; normalmente estas imágenes están distorsionadas y no son reales.

Al igual que en el caso del resto de las fobias no debemos forzar a la persona que la padece a que se exponga a las situaciones que le provocan ansiedad, aunque tampoco debemos permitir que todo siga igual.

Hablemos con nuestro hijo para saber y conocer cuales son sus creencias e ideas. Mostrarse cercano y apoyarle en la situación y por supuesto, acudir a un profesional que nos pueda orientar en el apoyo a nuestro hijo, y si es necesario realizar un terapia específíca.

Alejandra F. Aladro

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