Depresión Infantil y Adolescente

Depresión infantil y juvenil

Durante este artículo haremos referencia a un trastorno al que se le ha empezado a dar importancia recientemente; no es hasta el principio del siglo XX cuando empiezan las investigaciones por este trastorno, pero no es hasta finales de los años 70 cuando se inician investigaciones profundas.

Por todo esto nos encontramos ante un trastorno de difícil visibilidad tanto para familiares como para profesionales. Todos deseamos que el malestar que presentan los más pequeños de la casa sea por cualquier otra cosa diferente a una depresión que es un trastorno con graves consecuencias.

Por todo esto debemos estar atentos y escuchar a nuestro hijo; debemos realizar una escucha activa y no únicamente centrada en sus palabras, escuchemos el tono, “escuchemos” sus actos y sus diferencias en el comportamiento.

Los síntomas básicos en una depresión infantil son similares a los de un adulto y debemos tener en cuenta que es suficiente la verbalización del niño para tenerlo en cuenta. Algunas de las características son:

  • Llanto incontrolable
  • Tristeza
  • Problemas de comportamiento
  • Actividad extrema o aletargamiento
  • Dificultades para dormir (le cuesta dormirse o se despierta muy temprano, pesadillas)
  • Ausencia de actividades que antes realizaba de forma habitual.
  • Alteraciones alimenticias (ingesta masiva de alimentos o falta de apetito)

A pesar de ello hay diferencias:

  • Predominan las quejas físicas.
  • Hay un elevado nivel de irritabilidad.
  • Aislamiento social.
  • Hay más problemas asociados, como trastornos de ansiedad y comportamientos exteriorizados como desobediencia, agresividad, hiperactividad.

La depresión infantil es un trastorno que afecta de forma elevada a la vida del niño que la padece, pero también a otros niveles tales como el escolar y el familiar:

  • A nivel personal -> Malestar físico, sufrimiento psicológico.
  • A nivel familiar -> Deterioro de las relaciones padre-hijo, entre hermanos y es posible que se puedan ver afectadas las relaciones entre la pareja.
  • A nivel escolar -> Descenso del rendimiento académico, falta de concentración y de atención.
  • A nivel social -> El niño se muestra aislado de los demás, no muestra iniciativa a la hora de realizar actividades lúdicas con otros niños.
  • A partir de la adolescencia el sistema cognitivo se ve afectado y pueden comenzar dificultades a nivel sexual y legal.

Cuando observemos alguna de estas características en nuestros hijos, debemos acudir a un profesional que nos pueda orientar y que pueda realizar una evaluación y observación de la situación y el comportamiento del niño para poder tomar la decisión acertada sobre como intervenir.

A pesar de ser un trastorno grave e importante, si actuamos a tiempo, tiene solución y nuestro hijo volverá a ser feliz y a disfrutar.

Alejandra F. Aladro

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