Las frustraciones del día a día

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Cuando los pequeños de la casa comienzan a tomar pequeñas decisiones, los padres se sienten orgullosos de los logros del peque de la familia.

Estas decisiones denotan que el niño ha comenzado su proceso de evolución y crecimiento. Un proceso que es arduo, tanto para los niños como para sus padres.

A lo largo de este proceso, el niño obtendrá en muchas ocasiones lo que quiere, pero en muchas otras, no; es en éstas últimas cuando se enfrenta a sufrimientos y frustraciones.

Uno de los objetivos principales como padres es que los niños sean felices y que disfruten al máxima de la infancia, ya que cuando sean adultos, ya se encontrarán con “demasiadas” circunstancias que no les provocarán demasiada satisfacción, ya que tendrán que hacer esfuerzos y anteponer las necesidades, deseos y peticiones de los otros a las suyas. Pensamos: “que disfruten ahora de su infancia”.

Pero, ¿qué es la infancia?. La infancia es un periodo que todos hemos pasado en el que adquirimos las habilidades necesarias para poder desarrollarnos de forma adecuada cuando lleguemos a ser adultos, por lo tanto, estamos hablando de una etapa, en la que debemos adquirir, practicar y entrenar.

Cuando no permitimos que nuestros hijos sufran sus pequeñas frustraciones del día a día estamos impidiendo que practiquen, que experimenten, y aprendan a controlar esa sensación, estamos impidiendo que adquieran tolerancia a la frustración.

Es decir, debemos permitir que se frustren, pero también podemos ayudarles a que superen esta sensación de la mejor forma posible, ya que también estaremos entrenando con ellos esta habilidad, y reconozcámoslo, tampoco nos viene mal a los adultos practicar de vez en cuando esta habilidad.

Desde que son pequeños, sufren pequeños fracasos y derrotas en su día a día, desde que realizan los pequeños intentos por ponerse de pie y se caen innumerables veces, hasta que un día consiguen mantenerse en pie, hasta cuando intentan alcanzar un objeto de la estantería y no llegan.

Con cada uno de esos intentos fallidos, debemos recompensar el esfuerzo, no centrarnos en el logro. Debemos transmitir a nuestros hijos que el logro está en el esfuerzo, en intentarlo con todas nuestras fuerzas y habilidades y que no siempre, debemos ganar al otro, si no, superarnos a nosotros mismos en cada uno de los intentos.

Pero, cuando la frustración proviene porque no han conseguido que les compren un juguete, ¿qué hacer en estos casos? Cuando ocurre esta situación, debemos entender por un lado, que para ellos conseguir ese objeto es importante, que sienten necesidad de tenerlo; usando esta empatía les explicaremos las razones por las que no pueden tener ese juguete en ese instante y les mostraremos que la necesidad que sienten por tenerlo no es tan real, porque seguro que tienen en casa muchos como ese. Si es un juguete que no tienen, podemos usar el hecho de querer conseguirlo como una recompensa al esfuerzo y a la paciencia, convirtiendo su obtención en un proyecto en el que ellos deben realizar una acción determinada en varias ocasiones o varias acciones a lo largo de un periodo de tiempo; si el niño realiza aquello que se le ha pedido, al final del periodo de tiempo establecido, obtendrá la recompensa a su esfuerzo.

El día a día de nuestros hijos está lleno d frustraciones, pero debemos tener en cuenta, que todo lo que sentimos, sea bueno o malo, tiene una utilidad, que nos permite evolucionar y avanzar, ya seamos pequeños o grandes.

Alejandra F. Aladro

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