La infancia, momento de privilegio

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La infancia, momento de privilegio, momento en el que la inocencia nos permite ver el mundo con otros ojos, ver los colores más vivos y disfrutar de los momentos como nunca se volverán a disfrutar porque la mente está libre de preocupaciones y responsabilidades adultas.

Durante la infancia, crecemos y nos desarrollamos; nos entrenamos mediante juegos y actividades para la edad adulta. Es un proceso madurativo, de desarrollo que todo ser humano debe vivir y experimentar.

En esta etapa se debe jugar, correr, reír y disfrutar al máximo de cada etapa de la infancia y los padres debemos permitir, aún más, potenciar que esto sea así.

A medida que los peques de la casa van creciendo, su visión del mundo evoluciona, son capaces de observar distintos aspectos y tomar actitudes diferentes ante las circunstancias que les rodean; esas actitudes son entrenamientos de las actitudes que adoptarán cuando sean adultos y deben experimentar las sensaciones que les provocan.

Los niños deben pasar por varias etapas ante de llegar a ser adultos, estas etapas son:

Etapa bebé: Los niños desde su nacimiento hasta los 2 años están en esta etapa. En esta etapa el niño depende prácticamente para todo del apoyo materno y paterno; todavía no pueden tomar sus propias decisiones, a pesar de que ya se rebelan ante las cosas que los provocan disgusto y enfado. Esta etapa es la que más se conserva ya que somos muy conscientes de sus capacidades, pero debemos tener cuidado, porque en ocasiones, queremos conservar tanto esta etapa, que no les permitimos salir de ella.

Primera Infancia: Estamos hablando de los niños desde los 2 años hasta los 6. Comienzan las interacciones sociales, comienza a ampliarse el mundo de los pequeños de la casa; permiten a otras personas entrar en su mundo, otros niños, otros adultos. Estas interacciones provocan que la visión del niño se vaya ampliando poco a poco. Generalmente observamos que los niños en esta etapa continúan siendo niños, jugando, riendo, creciendo y adquiriendo las responsabilidades que su desarrollo madurativo permite; sus aficiones suelen estar acordes con su edad, ya que nos resultaría chocante ver a una niña de 4 años con tacones para ir al colegio.

Segunda Infancia: Niños de 6 a 12 años. Niños que dejan la infancia poco a poco para ser adolescentes, este momento debería ocurrir entorno a los 12 años; pero en los últimos años, esta etapa cada vez está siendo más corta, es como si permitiésemos que nuestros hijos adoptasen actitudes excesivamente maduras para su edad.

Algunos comienzan a tener móvil a partir de los 8 o 9 años, incluso antes tienen acceso al móvil de sus padres, no sólo para jugar, sino para comunicarse con otros niños mediante aplicaciones de mensajería instantánea.

Otros niños comienzan a tener actitudes sexualizadas, vocabulario excesivamente adulto y ven series más propias de la adolescencia en todo su esplendor, entorno a los 14-16 años.

Estamos tomando estas actitudes como algo normal, incluso evolutivo, pero realmente, estamos impidiendo que nuestros pequeños vivan una etapa primordial en el desarrollo. Estamos dejando que adopten actitudes para las que no están todavía preparados.

Probablemente si a niños de esta edad, alguien les pidiese que hagan ecuaciones de segundo grado, nos negaríamos y le diríamos a esa persona que no están preparados, que todavía no han adquirido los conocimientos suficientes para hacer esa operación matemática y que si les obligan, estaríamos provocando frustración en ellos. Al permitir que los niños adopten actitudes que no son de su edad, estamos provocando la misma sensación que si les obligásemos a hacer complicadas operaciones matemáticas.

Adolescencia: De los 12 hasta los 18 años se entra en la adolescencia, etapa en la que deben comenzar cambios importantes y radicales en su vida. Es como el examen final. Durante la infancia entrenan sin riesgos, pero en la adolescencia, todo aquello que se ha practicado tiene consecuencias reales y si el entrenamiento de las etapas anteriores no se ha realizado de forma adecuada, cuando lleguen a la adolescencia no tendrán la habilidades necesarias, generando inseguridades, baja autoestima y problemas relacionales, ya sea por exceso de timidez o por adoptar actitudes agresivas y poco respetuosas hacia los demás; los estudios también se verán afectados, pudiendo encontrarnos bajo rendimiento académico y fracaso escolar.

Dejemos, permitamos, potenciemos que los peques de la casa, sean niños, ya tendrán tiempo para ser adultos, dejemos que jueguen.

Alejandra F. Aladro

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