Las Experiencias y Aprendizajes nuevos

Experiencias y aprendizajes nuevosDurante la época de verano, los peques de la casa disponen de mucho tiempo que puede ser ocupado con el aprendizaje y la vivencia de nuevas experiencias. Esta época puede convertirse en una gran aventura.

El verano es una época donde se conocen sitios nuevos, se crean relaciones con niños distintos a los del colegio y se experimentan sensaciones distintas con los juegos, los tiempos, las comidas y bebidas.

Es una gran oportunidad para que los peques de la casa experiementen, se conviertan en pequeños científicos y puedan sacar sus propias conclusiones de las experiencias vividas.

Para que esta “experiencia científica” resulte gratificante y satisfactoria para los peques y para los padres, podemos seguir unas pequeñas pautas:

  • Permitir la exploración: Ya estemos hablando de los más pequeños, de los medianos o de los adolescentes, debemos permitir que exploren, investiguen, descubran… Es decir, no limitarles y tenerles debajo de “nuestra falda”. Si limitamos su capacidad de movimiento, más allá de lo que su edad y circunstancia requiere, estaremos generando niños temerosos de aprender cosas nuevas, estaremos impidiendo que adquieran habilidades que les resultarán útiles en un futuro. Es cierto, que teniéndoles cerquita, estaremos más tranquilos, pero, ¿qué es más importante, nuestra tranquilidad o su evolución y desarrollo?
  • Dar tiempo al tiempo: Cada niño tiene su propio tempo, cada niño debe vivir su proceso sin que nadie le obligue a acelerarlo. Os voy a poner un ejemplo que todos hemos vivido y que seguro se entiende. Llegan a la piscina unos padres con su hijo de tres años al que van a meter por primera vez en su vida en una piscina. El niño va equipado con flotadores, manguitos, gafas de buceo y todos aquellos artilugios que hayan sacado ese año para “ayudar” a que los niños aprendan a nadar. La cara del niño expresa una mezcla de expectación y miedo. Le presentan a su monitor, un chico muy majo, pero al que el niño no ha visto en su vida, que le dice “vamos al agua”. Los padres se quedan fuera y le dicen “no tengas miedo Pablito, que no va a pasar nada”. ¿Cómo pensáis que va a reaccionar Pablito? La reacción más probable de este niño de tres años será “yo en el agua, que está fría no meto ni loco, si ni mis padres se atreven!” Con esto quiero decir, que cada peque debe aclimatarse a las situaciones nuevas, que se vuelvan naturales, no forzadas… Si el primer día sólo se quiero mojar la punta del dedo gordo, ¡genial!, la próxima vez se mojará el pie entero, porque la primera experiencia ha sido gratificante y satisfactoria, querrá probar más.
  • Vigilar sin ser guardianes: Dar confianza a nuestro hijo, confiar en sus habilidades, pero ofreciéndole la seguridad de que en el momento que necesite, estaremos a su lado para superar obstáculos, o salir de una situación que ha dejado de ser gratificante.

Dejemos que el verano de nuestros hijos sea un gran laboratorio donde aprender cosas nuevas; cada experiencia vivida es una habilidad adquirida.

Alejandra F. Aladro

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